Papá, no solo eres mi padre, eres mi amigo, mi consejero y mi mayor admiración. Admiro tu dedicación, tu fortaleza para sacar adelante todo solo, tu sentido del humor que siempre alegra los momentos más oscuros y esa capacidad tuya de hacer que cualquier problema parezca más pequeño de lo que es. Gracias por las risas en los viajes, por las tardes jugando, por enseñarme a montar en bicicleta, a cambiar una llanta, a asar un buen asado y, sobre todo, a ser una buena persona.